Mucha gente suele meterse en la vida de otros por muchos motivos, en la mayoría de los casos quizá para no ver la suya o tapas sus debilidades; estoy seguro del morbo de la gente, a muchas personas les gusta ver el dolor ajeno y gozarlo, enterarse de todo lo que hace los demás, porque ven la paja en el ojo ajeno y no ven el árbol en el propio.
El morbo es el atractivo que despierta una cosa que puede
resultar desagradable, cruel, prohibida o que va contra la moral establecida.
Para
que algo le guste a alguien, debería tener significado, sentido y valor. Por
ejemplo si a alguien le gusta saber la vida de un vecino que tiene por decir un
amante, y los espía; el significado puede ser el entretenimiento; y el valor es
positivo para el morbo de esa persona, dado que le genera placer observar a alguien,
sufrir, exhibirse, llorar, hacer cosas ridículas, realizando conductas antisociales, peleando, discutiendo o
lastimando literalmente a alguien.
Los
seres humanos no necesitan formarse para ser entrometidos y chismosos, pareciera
que es innata a ella, pero la verdad es que se hace con el entorno, con las personas que lo rodean, en los
medios masivos donde se privilegian la cultura del chisme, la intromisión, el
entrometimiento sobre el libre albedrío.
Programas de chismes, sensacionalismo, espectáculos donde la
base es el morbo. De hecho, cuando vemos una película en el cine en realidad
nos estamos "alimentando" de las vidas de otras personas aunque sean ficticias.
La familia es básica y común para generar personas chismosas y entrometidas. El mundo
nos arrastra irremediablemente a estos errores.
El entrometido es chismoso, y cree que los demás le deben servir de entretenimiento, de alimentar su morbo, de estar para sus deseos.
Pensando en esto podemos preguntarnos, y teniendo en cuenta
que supuestamente, son personas equilibradas e inteligentes, ¿en qué mundo
vivimos?
La realidad es triste…
¡No tenemos derecho a querer
cambiar la vida que elige otras personas! A que la gente sea como nosotros queremos.
No conocemos bien las huellas, injusticias, los vaivenes y problemas que ha
sufrido. Lo lógico, es pensar que son conscientes de sus acciones y conoce de las consecuencias.
De ahí que hay mucha gente
que se alejan de estos errores, como dejar de salir, compartir menos, tener
pocos amigos, lógicamente por la impotencia de cambiar hacia lo que cree correcto, la injusta vida de ellas, por temor a lastimarlos o quizá por la falta de resiliencia de ellas para con sus vidas.
Hoy dia se habla mucho de la
empatía, que es la capacidad de
identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Pero…
Esto se hace relativo si ese
alguien se empeña en continuar en su error, inclusive arrastrando a los demás
al precipicio. ¡Es una inmadurez! Y hasta es una falta de respeto para la
convivencia de los demás. Es ¡falta de esa inteligencia que nos impide ser como
las bestias o animales!
¡Claro que debemos practicar
la empatía!
Pero debemos respetar
asimismo el libre albedrío que el Padre universal nos regaló a todos. Un
ejemplo claro son los delincuentes, o los drogadictos, que conocen las consecuencias de sus actos pero
continúan con sus errores! Ni gobiernos, ni programas ni justicias lo pueden
encaminar.
No soy dueño de la verdad, ni
pretendo cambiarles su vida, pero ¡me siento obligado a escribir sobre lo que
pienso!
Como dijo alguien… Duele
decirlo, pero ¡hay que decirlo!