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El Mercosur se dobla pero (aún) no se rompe

Con Uruguay negociando unilateralmente un tratado de libre comercio con China como trasfondo, la última reunión del Mercosur estuvo marcada por pocos acuerdos y muchas tensiones. Aunque se logró evitar la ruptura, la crisis no se limita a la orientación comercial: lo que está en juego, en realidad, es la propia identidad del bloque.


La LX Cumbre del Mercado Común del Sur (Mercosur), celebrada el 20 y 21 de julio pasados en el centro de convenciones de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), ubicado en Luque, Paraguay, estuvo marcada por la falta de acuerdos –el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, se negó a firmar el comunicado conjunto– y volvió a poner de manifiesto la crisis por la que atraviesa el proceso de integración en el Cono Sur.

El desdén del mandatario uruguayo tiene como trasfondo las negociaciones que desde hace unos meses viene llevando a cabo para firmar un acuerdo de libre comercio con China, aun cuando ello implique hacerlo por fuera del Mercosur. Como es sabido, la iniciativa despertó críticas en otros países miembros, sobre todo en Argentina y Paraguay (país que además no tiene relaciones diplomáticas con Beijing y sigue fiel a Taiwán). El gobierno brasileño, por su parte, oscila entre la indiferencia, el apoyo moderado (China es el principal destino de las exportaciones brasileñas) y una reticencia basada en motivos ideológicos: al final, Jair Bolsonaro, quien no asistió a la cumbre, siempre tuvo reparos en profundizar la relación con China. Por otro lado, el sector ultraliberal que lidera el ministro de Economía Paulo Guedes, aunque cada vez más relegado dentro del gobierno, mira con beneplácito todo lo que implique desarmar el proteccionismo del Mercosur y avanzar en acuerdos de libre comercio.

El punto neurálgico de la crisis del Mercosur está en las divergencias respecto de cuál es el perfil comercial que debe adoptar el bloque. Hasta hace poco, la disyuntiva pasaba por priorizar indiscriminadamente la apertura hacia nuevos mercados, aun cuando ello implicara desatender los vínculos económicos intrabloque o profundizar la integración entre los socios, protegiendo a los sectores económicos vinculados a la producción manufacturera y manteniendo la (imperfecta) unión aduanera. La gestación de este debate tuvo lugar hace poco más de una década, cuando se retomaron las negociaciones por el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Por entonces, el lenguaje de la integración pasó a estar marcado por metáforas como «flexibilización» y «distintas velocidades». Esto significa revisar el carácter proteccionista del bloque (reduciendo el Arancel Externo Común) y avanzar en el acuerdo con la Unión Europea, con la opción de que cada país se sume en diferentes momentos.

Pero en el último tiempo el debate por la orientación externa del Mercosur se fue corriendo en favor de las posturas «aperturistas». Ahora ya no se discute si priorizar o no las negociaciones externas con otros bloques, sino la forma de llevarlo a cabo: negociando todo juntos o habilitando la firma individual, por fuera del Mercosur. Incluso en Paraguay ya no cierran la puerta a un acuerdo comercial con China, siempre que se haga en bloque y que no implique condicionamientos políticos, por ejemplo, que Asunción asuma la política de «una sola China» y corte vínculos con Taiwán.

En términos normativos, habilitar que cada país pueda negociar de manera individual tratados de libre comercio –como postulan hoy el gobierno de Uruguay y un sector del gobierno de Bolsonaro– significa violar el tratado fundacional del Mercosur, cuyo objetivo final es alcanzar un mercado común y terminar definitivamente con la unión aduanera. En términos económicos esto tendría efectos directos sobre algunos sectores productivos, sobre todo argentinos y brasileños, que se verían obligados a competir con productos chinos que entrarían de forma indirecta sin pagar ningún tipo de arancel.

Una identidad en crisis

Los problemas del Mercosur, sin embargo, no se reducen a las tensiones comerciales. La crisis es, en realidad, mucho más profunda: lo que está en cuestión es la propia identidad del bloque. No por nada en los últimos años se fueron acumulando otros puntos de controversia, como la postura frente a la crisis venezolana y, más recientemente, las dificultades para coordinar acciones frente a la pandemia de covid-19.

En la década de 1980, periodo de gestación del acuerdo, el sentido aglutinante de la integración fue el de construir una relación de amistad entre Argentina y Brasil, en afianzar las democracias y en fomentar la interdependencia económica. En la década de 1990, la identidad del Mercosur se construyó sobre el objetivo de una inserción en la globalización y la consolidación de las reformas económicas de corte neoliberal. En los años 2000, durante la etapa de auge de los gobiernos de centroizquierda, el bloque se redefinió en términos de autonomía y amplió sus agendas y su estructura institucional más allá de lo económico-comercial. Tras el fin de la «marea rosa», a mediados de la década pasada, la llegada de gobiernos de derecha en países como Argentina y Brasil dio lugar a un «regionalismo abierto recargado», en el que se volvió a apostar por la apertura comercial y la inserción en la economía global.

Esa nueva identidad, sin embargo, tampoco se pudo plasmar, dado que los gobiernos de la región se encontraron con un escenario internacional que iba a contracorriente del discurso globalization-friendly: el Brexit, Donald Trump, la pandemia y, más recientemente, la guerra en Ucrania fueron minando las miradas optimistas sobre la importancia de consolidar las cadenas globales de valor y revalorizando, en cambio, la regionalización de la producción y el comercio. En ese sentido, no es casualidad que el comercio intra-Mercosur haya tenido un crecimiento en 2021, aunque el volumen alcanzado sea similar al logrado en 2014.

Pero para comprender la crisis de identidad del Mercosur hay que tener en cuenta otros factores de carácter estructural. Uno de ellos es el efecto «centrifugador» que produce China. Por un lado, al fomentar la bilateralización de las relaciones externas, dado que el gigante asiático ha demostrado que prefiere vincularse tête à tête con los países de la región cuando se trata de asuntos económicos. El hecho de que cada país sudamericano haya negociado por su cuenta la incorporación a la Iniciativa de la Franja y la Ruta es un claro ejemplo de ello (a nivel Mercosur, el único antecedente relevante de algún tipo de estrategia conjunta con China se remonta a 2012, cuando Argentina, Uruguay y Brasil firmaron el «Comunicado conjunto para el mejoramiento de la cooperación comercial y económica entre China y el Mercosur»).

Asimismo, la profundización del vínculo comercial con China ha modificado significativamente la estructura productiva de las economías sudamericanas, profundizando la especialización en bienes primarios y la disminución del comercio entre los socios del Mercosur, que pasó de 25% a fines de la década de 1990 a menos de 11% en 2021. Esto tiene, a su vez, otro efecto: el establishment en los países del Mercosur ha cambiado su fisonomía y, con ello, el tipo de integración que demandan los actores económicos dominantes.

Brasil es un caso emblemático: el crecimiento del agronegocio y los conglomerados rentistas transnacionalizados en la economía verde amarela –en detrimento de los grupos industriales volcados al mercado interno– ha aumentado las presiones para reducir el carácter proteccionista del bloque y reorientarlo como plataforma para exportar commodities hacia fuera de la región. En ese sentido, no es casualidad que la agenda del gobierno de Bolsonaro para el Mercosur se haya basado en tres ejes: achicar la estructura institucional (sobre todo, eliminando las instancias vinculadas a los temas sociales, ambientales y de derechos humanos), reducir o directamente eliminar el Arancel Externo Común y priorizar las negociaciones externas con países y bloques extrarregionales.

La postura de Uruguay tampoco es una novedad ni algo completamente disruptivo en su política exterior. Desde el punto de vista económico, en la dirigencia política uruguaya se ha consolidado un consenso respecto de que el Mercosur debe servir principalmente como un vehículo que facilite el acceso a nuevos mercados. En todo caso, las diferencias radican en si la condición es hacerlo vía Mercosur o si el camino solitario es una opción viable y deseable. «Siempre vamos a tener una pata afuera del Mercosur», sostuvo en su momento el ex-presidente José «Pepe» Mujica, referente del Frente Amplio Uruguayo y promotor de la Patria Grande desde sus tiempos de militante tupamaro.

Lula y la esperanza del relanzamiento

Con la elección que se avecina en Brasil, todas las luces están puestas en el posible retorno de Luiz Inácio Lula da Silva al Palacio del Planalto. Para muchos, esto alimenta las esperanzas de recuperar la política exterior «activa y altiva» de la época del Partido de los Trabajadores (PT) y relanzar (una vez más) el Mercosur.

El optimismo, desde ya, tiene sus fundamentos. De por sí, es de esperar que un gobierno de Lula da Silva busque revertir el aislamiento internacional, mejore significativamente la relación con Argentina y reactive la «opción sudamericana», como alguna vez dijo Marco Aurelio García para definir el eje de la política brasileña hacia la región. Esto podría incluir revivir la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) o reconfigurar un nuevo organismo sudamericano, retornar a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y frenar toda iniciativa que implique debilitar todavía más el Mercosur. En todo caso, que se doble pero que no se rompa.

Otro punto que genera expectativas en caso de que Lula da Silva retorne a la Presidencia es el de un cambio en la agenda energética. Se trata de un tema clave tanto a escala regional como global. Es que las posturas negacionistas y antiambientalistas de Bolsonaro no solo han trabado los vínculos con Europa y Estados Unidos, sino que también dificultan incorporar el tema de la transición energética y las «inversiones verdes» en el plano regional de manera más asertiva.

Sumado a lo anterior, la salida de Bolsonaro puede acelerar la incorporación definitiva de Bolivia como miembro pleno del bloque (el trámite todavía no tiene la aprobación del Senado brasileño). Así como se pensó en su momento respecto de la inclusión de Venezuela, la entrada del país andino también abriría nuevas perspectivas para la cuestión energética. En el corto plazo, la guerra en Ucrania está llevando a las potencias occidentales a diversificar los suministros de energía tradicional, como gas y petróleo. Las declaraciones favorables de varios mandatarios europeos respecto de avanzar en la concreción del tratado Unión Europea-Mercosur no pueden entenderse sin el cambio de jugadores que significó la invasión rusa.

A mediano plazo, que Bolivia se convierta en miembro pleno es una oportunidad para negociar conjuntamente frente a China la comercialización del litio, considerando que América del Sur concentra casi 70% de las reservas globales de este mineral y que el país asiático es el principal comprador. Y, a largo plazo, se podría pensar en desarrollar un encadenamiento regional de industrias basadas en el litio.

Sin embargo, el escenario doméstico, regional y global en el que asumiría Lula da Silva dista de ser semejante a aquel de principios del siglo XXI, con un Brasil en ascenso, una burguesía comprometida con el proyecto de integración regional sudamericano y una región más cohesionada, aun cuando en algunos países gobernaban mandatarios de centroderecha. Las insinuaciones de que, aun con el ex-líder metalúrgico en la Presidencia, Brasil continuaría con el ingreso en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dan muestras de que el margen de maniobra para protagonizar la configuración de un mundo «postoccidental» ya no son las mismas para el gigante sudamericano. Lo mismo podría pensarse con el rol de las Fuerzas Armadas en el actual gobierno y la profundización de la cooperación con Estados Unidos. En este marco, difícilmente pueda recrearse algún tipo de instancia de cooperación en defensa a nivel subregional sin la sombra de Washington.

En definitiva, el Mercosur se encuentra en un proceso de redefinición identitaria, que se hace más visible a la hora de discutir la orientación comercial. En este marco, priorizar el avance en agendas no económicas puede ser una buena forma de desatar los nudos problemáticos y la falta de acuerdos que hoy caracterizan al bloque. Asimismo, los gobiernos y actores económicos deben comprender que no siempre los juegos son de suma cero y que apostar al mercado regional –aun protegiendo determinados sectores industriales– no necesariamente implica anular una mayor vinculación con países y mercados extrarregionales.

Fuente: Opinion de Alejandro Frenkel - nuso.org

Paraguay, la isla con sorprendentes logros

Trascribimos la opinión de El Observador de Uruguay

Paraguay se empeña en ser diferente al continente americano y continúa creciendo a paso firme a medida que consolida trabajosamente su institucionalidad democrática. El país mediterráneo se encuentra próximo a conseguir la nota de grado inversor, cosa que sería efectiva antes del 2020. Las perspectivas de negocios e inversores es más que favorable.




La pujanza de una población joven y las condiciones más que favorables para instalarse allí están convirtiendo la tierra de los guaraníes en un lugar donde es posible apostar para crecer. Asunción, la vieja capital colonial, cambia su cara mes a mes. Abren centros comerciales, emprendimientos gastronómicos, hoteles cinco estrellas y crecen edificios modernos y desarrollos urbanos tanto para oficinas como para vivienda. 


Su clase media crece casi al mismo ritmo que su naturalidad. La inminente mejora del grado inversor avizora tiempos aún mejores para un país largamente postergado por el resto del continente. Se prevé la llegada de fondos frescos lo que dinamizará el crédito y por ende el consumo.

Se espera un ¡Boom! de la construcción que continuará cambiando el horizonte de las ciudades que crecen y dinamizan la economía. En su capital ya se ve el nuevo centro de Asunción, con los flamantes hoteles altos donde se celebran fiestas en sus azoteas casi diariamente; es una clara demostración de lo que allí sucede.


La clase media crece casi al mismo ritmo que su natalidad. La inminente mejora del grado inversor avizora tiempos aún mejores para un país largamente postergado por el resto del continente. En relación al mercado inmobiliario las perspectivas son de más que positivas. “Apuntamos a dos años en que el aumento de la demanda va a ser muy consistente y eso va a generar un aumento de los precios de inmuebles”, destacó en El Observador el CEO de la firma Corar Internacional, Miguel Ángel Fernández, experto en desarrollo inmobiliario.

Paraguay tiene una población que supera a los 7 millones de habitantes de los que se prevé un tercio salga a buscar vivienda en los próximos años. Paraguay lentamente va dejando el conservadurismo que lo caracterizó para comenzar a abrazar las exigencias y posibilidades que ofrece el siglo XXI y con astucia genera las condiciones para que las divisas y los empresarios y emprendedores se sientan a gusto. Todo eso late en su población y se huele en el aire.

Fuente: 5 dias

La débil recuperación de Latinoamérica

La región necesita gobiernos que cumplan con sus socios comerciales y con sus ciudadanos


Latinoamérica ha regresado a la senda del crecimiento económico con proyecciones de alrededor del 1% en 2017 y del 2% en 2018. Además, si bien estuvo dos años en recesión, la solidez de las instituciones y las políticas permitieron moderar la caída.

De hecho, la mayoría de países lograron mantener crecimientos aceptables, lo que recuerda que hay que hablar de Américas Latinas. No obstante, la recuperación es débil, en un contexto socio-político movido. Latinoamérica acumulará cinco años de alejamiento a los niveles de ingreso de las economías más desarrolladas, en un momento político clave, dado que entre 2016 y 2018 se habrán celebrado 15 elecciones presidenciales.

Este es momento de política, no de políticas. De gobiernos que cumplan con sus socios comerciales, con sus ciudadanos, y en especial con sus jóvenes, como fue reclamado en el Foro Económico Internacional para América Latina y el Caribe 2017, organizado por el Centro de Desarrollo de la OCDE, el BID y el Gobierno francés.

La región precisa de gobiernos que cumplan con sus socios comerciales, con apertura e integración. La OCDE ha llamado a resetear la globalización, apostando por el multilateralismo y la apertura, y simultáneamente implementando medidas para proteger a aquellos afectados negativamente. Afortunadamente, Latinoamérica se ha distanciado de las tendencias en los países del G20, quienes han aprobado desde 2012 más de 1.725 restricciones al comercio según Global Trade Alert. Ha intensificado la agenda con nuevos socios como China, e internamente, dos de las principales plataformas regionales de comercio, Alianza del Pacífico y Mercosur, muestran su voluntad de acercamiento, augurando avances en cooperación aduanera, apoyo a PYMES y cadenas regionales de valor.

La región precisa de gobiernos que cumplan con sus ciudadanos, con eficiencia, apertura y visión. La confianza de los latinoamericanos en sus instituciones, tradicionalmente limitada, se ha debilitado. Hoy ocho de cada diez ciudadanos de la región creen que la corrupción está extendida en su gobierno, seis de cada diez están insatisfechos con su sistema de salud y casi cinco de diez con la educación, y solo cuatro de cada diez confían en las elecciones. 

La eficiencia exige simplificar los trámites a ciudadanos y empresas aprovechando la tecnología, como recientemente muestra Perú, donde las entidades estatales solo podrán solicitar una vez el documento de identidad a sus ciudadanos porque sus agencias estarán interconectadas. 

La apertura pasa por involucrar a los ciudadanos en decisiones, aumentar la transparencia de las cuentas públicas —como la iniciativa Conozca en qué se gasta su dinero en Costa Rica, que permite acceder a información en tiempo real sobre el gasto público— y establecer órganos de lucha contra la corrupción. 

Los Estados han de ser más innovadores y visionarios ante un futuro en el que la revolución tecnológica, la transición demográfica y el cambio climático definen nuevas demandas. Los laboratorios de innovación social para avanzar en la digitalización en Uruguay o en Rio de Janeiro, y el uso de big data para proveer mejores servicios, como están comenzando a implementar Buenos Aires o Bogotá en transporte, o Brasil en salud, son buenas prácticas.

La región precisa de gobiernos que cumplan con sus jóvenes, con educación de calidad y oportunidades de empleo formal y emprendimiento. Latinoamérica es una región joven: uno de cada cuatro ciudadanos —163 millones— tiene entre 15 y 29 años. Sin embargo, cuatro de cada diez jóvenes no estudian, no trabajan y no se capacitan (‘ni-ni-nis’) o si trabajan lo hacen en el sector informal. Esta situación es peor para mujeres (la mitad son ni-ni-nis o informales), y para jóvenes de hogares de ingreso medio y bajo (siete de diez jóvenes de hogares pobres están desconectados). 

La vulnerabilidad se está transmitiendo de padres a hijos e hijas, y ello impactará en toda su trayectoria laboral. Lo bueno es que sabemos qué funciona; educación combinada en aulas, capacitación en el trabajo y servicios de búsqueda de empleo (como ProJoven en Brasil y Perú, Jóvenes en Acción en Colombia); apoyo al emprendimiento reduciendo barreras de entrada (como la Ley de Emprendedores de Argentina que permite crear empresas en un día), desarrollando instrumentos financieros flexibles (como Ruta N en Colombia o Start-Up en Chile); mentoría y fortalecimiento de vínculos con redes comerciales como la Alianza del Pacífico. La economía de la región (medida por su PIB) podría incrementarse inmediatamente un 3%, el equivalente a una Guatemala, si todos los jóvenes ni-ni-nis e informales encuentran un empleo formal.

Gobiernos que cumplan con sus socios comerciales, con sus ciudadanos y con los jóvenes son indispensables en la agenda de Productividad e Inclusión. Solo así se logrará traducir la desconfianza, e incluso las protestas en cambio real. Y solo así se convencerá a ciudadanos y empresas de que cumplir con las reglas y pagar impuestos merece la pena. No es fácil, ¿pero qué es fácil en los tiempos que vivimos? Y se puede.

Fuente: El país
Escrito por Ángel Melguizo es jefe de la unidad de América Latina y el Caribe del Centro de Desarrollo de la OCDE

Mi monstruo favorito



Como si de un thriller de suspense se tratara, la reciente avalancha de acusaciones por acoso sexual en el medio del espectáculo, además de tenernos al filo de la butaca en espera de la nota que devele qué nueva luminaria será descolgada del firmamento, deja varios puntos patentes.




Uno, Hollywood confirma (finalmente) lo que nuestros abuelos sospechaban desde los días de las proyecciones en blanco y negro: el show business es controlado por viejos mañosos.

Dos, la primera y única vez que se tuvo noticia de una mujer acusada por acosar sexualmente a un hombre, ocurrió en la ficción, es decir, en el cine, bajo un título que no dejaba margen al equívoco (Acoso sexual), donde la acosadora era interpretada por el sex symbol del momento (Demi Moore, antes de cumplir mil años), logrando que el espectador masculino, en vez de sentir empatía por su presa (Michael Douglas, que ya había cumplido mil años), soñara despierto en la oficina con ser la víctima de las calenturas de su supervisora guapetona.

Tres, tras la cancelación de la exitosa House of Cards al probarse que el actor Kevin Spacey es un depredador sexual más perverso que el Presidente de los Estados Unidos (tanto el ficticio como el de la vida real), la audiencia calificó a los abusados de llorones oportunistas; me incluyo, aunque no tanto en el caso Spacey, sino en el de Louie C.K., a quien la admiración me hace verlo como todo un caballero por solicitar, antes de masturbarse en público, el permiso de las agraviadas.

Cuatro, en la reciente visita del cineasta Guillermo del Toro al Festival de Morelia, la única pregunta de la prensa que desentonó por no tener nada que ver con el contenido de su última película, fue cortesía de famosa-televisora-caracterizada-por-exponer-a-sus-empleadas-como-pedazos-de-carne, quien deseaba conocer, ni más ni menos, la opinión del ilustre invitado sobre la coerción ejercida por el productor Harvey Weinstein en las actrices y aspirantes a actrices del otro lado de la frontera.



Cinco, Woody Allen es, por mucho, mi monstruo favorito. Cometió incesto contra su hija, o eso es lo que asegura su otro hijo. Sin embargo, confieso que uno de mis deseos navideños que se repite año tras año (y éste no será la excepción), es que el genio neoyorkino siga desafiando a las leyes genéticas y los estatutos legales, y pueda continuar durante muchos años más creando obras de arte para la posteridad.

Seis y último, somos una sociedad de conveniencia, lo cual irremediablemente hará caer a mi monstruo favorito en las garras de la justicia, o lo relegará al confinamiento en un asilo de ancianos, no sino hasta el preciso momento en que sus películas puedan confundirse con las realizadas por un probo ciudadano o un padre de familia ejemplar, digamos un nombre al aire, Eugenio Derbez.

Rodrigo Solís
Autor de la novela Mala Racha
Actualmente tiene su columna Pildorita de la Felicidad
pildoritadelafelicidad.com / rodrosolis@gmail.com

El 'liberticidio' de internet

Vivimos una época en la cual todas las crisis se han juntado. En otros tiempos las crisis eran de sectores y abarcaban geografías diversas. Hoy también la crisis se ha globalizado. Aquello escrito por Paul Valéry en La crisis del espíritu, que por el año 1919 todavía parecía premonitorio "Nosotras, las civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales", ya es una realidad. 

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¿Qué libertad de decisión conservan los estados frente al poder de las entidades supranacionales? Crisis empresarial y del capitalismo. Crisis de las ideologías, crisis de los partidos que las representan y de la propia democracia, pérdida de los valores morales de las sociedades, peligros para muchas libertades duramente conseguidas y la transformación del ciudadano en empleado-consumidor. Crisis de la solidaridad y de la humanidad, desarrollo incontrolado del individualismo más feroz.

En vez de compañeros que trabajan para el bien común ahora antagonistas que defienden únicamente sus intereses a costa de lo que sea. Crisis de la fe y, lo que aún es peor, de la razón. De la fe a través de las religiones moderadas que contenían los sentimientos y las pasiones de sus feligreses. Nietzsche ya había comentado que la desaparición de la idea de Dios podía conducir a mucha gente a pensar que ya todo estaba permitido, por ejemplo, el nihilismo dostoievskiano. También se creyó bienintencionadamente que el ateísmo nos conduciría a la paz y a la desaparición de las injusticias, pero tampoco fue así: millones de asesinatos en su nombre. Curiosamente, hoy muchos símbolos religiosos se han convertido en referentes laicos, por ejemplo, los crucifijos. El horror estético de Halloween es una cristianización de las fiestas paganas, la fiesta del solsticio de invierno coincidente con nuestras fiestas de todos los santos y del día de difuntos.

Los monoteísmos fanáticos han sido fuentes de conflictos gigantescos; aún lo son. El politeísmo no fomentó las guerras de grandes dimensiones, incluso las primeras persecuciones cristianas lo fueron por el aspecto revolucionario que tenían. La inspiración pagana sí influyó en algunas de las ideologías totalitarias (fascismo-nazismo), pero no en su ideología sino en sus rituales. A la crisis de la fe se unió la de la razón laica. El Estado fracasa en el cuidado de sus ciudadanos y esa masa toma conciencia de su orfandad y comienza a moverse sin dirección conocida. La masa se desasosiega, se desideologiza y se uniformiza en torno a otros valores violentos y prerrevolucionarios. Tampoco la confianza en el desarrollo tecnológico lo calma todo. ¿Eran progresistas aquellos que tenían fe en el desarrollo apaciguador de la tecnología? ¿Eran reaccionarios aquellos que predicaban el retorno a la tradición bucólica incontaminada de los orígenes?

Los medios de comunicación audiovisuales, fundamentalmente la televisión, han ido acaparando espacios vacíos laico-religiosos-cívicos. Y así, todo lo que allí aparece tiene un valor social así como cierta influencia en los modelos morales. Ya da igual que sea una ONG que ha salvado a cientos de personas en un terremoto, o un asesino que se deja entrevistar o una prostituta o un deportista. Todo vale con tal de ocupar un espacio en ese medio millonario en espectadores ociosos. Lo importante es que, al día siguiente, sean reconocidos por la calle no por sus méritos o deméritos, sino por el simple hecho de aparecer. Según la ciencia criminalística, a un asesino en serie lo mueve el deseo de ser descubierto y hacerse famoso, pues Dios le ha fallado. Él era, cuando existía, su principal testigo y destinatario. Ahora, a diferencia de otras épocas en las cuales la cultura jugaba un papel determinante, la sociedad a través de la televisión crea reputaciones, prestigios y popularidad. La buena fama parece estar en seria decadencia y ha sido sustituida por la notoriedad: lo importante es ser vislumbrado por nuestros semejantes, pero no sólo por lo bueno sino y, sobre todo, por lo malo, extravagante, licencioso, escandaloso... "El hecho de aparecer esposado ya no le destroza la vida a nadie" (Umberto Eco, De la estupidez a la locura).

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De entre los nuevos ídolos que han ido surgiendo para suplantar a las antiguas fes se encuentran las redes sociales, producto de las nuevas tecnologías. Twitter, por ejemplo, es una fe de vida. Quien no está en Twitter no existe, yo mismo sin ir más lejos. Tuiteo ergo sum. Quedó viejo y obsoleto aquello de pienso, luego existo. La mayor parte de las opiniones expresadas en Twitter son irrelevantes y vergonzosas. Uno ya no cabe en su asombro ante semejante asamblea de sabios. Y qué se puede decir de los 140 caracteres. Sí, sí, la historia de la literatura está repleta de memorables 140 caracteres, incluso de muchos menos: el comienzo de la Eneida o del Quijote... Pero aquí pocos Virgilios y Cervantes.

Bauman habla de sociedad confesional, es decir, saca a la luz pública sus interioridades para reconocerse socialmente viva. Por otra parte, especialmente en los blogs, se promociona el exhibicionismo, el narcisismo y el vouyerismo infame de gentes que no tienen nada que decir y, sin embargo, lo dicen. El filósofo polaco, refiriéndose a las redes sociales, especialmente Facebook, afirma que representan un instrumento de vigilancia del pensamiento y de las emociones ajenas que son utilizadas por distintos poderes como una función de control, gracias a la colaboración entusiasta de quienes forman parte de ellas. Así, por primera vez en la historia de la humanidad, los espiados (esclavos, siervos de la gleba, súbditos, ciudadanos, consumidores y, ahora también, espiados) colaboran desinteresadamente con los espías porque se sienten bien al saber que la gente los ve enseñando sus existencias vacías que estas actividades les llenan. Pero el exceso de información sólo produce a la larga desinformación, confusión, ruido inmenso y, también, el silencio de nuestras neuronas. Afortunadamente, como dice Eco en el volumen anteriormente mencionado, todavía las diferentes constituciones democráticas occidentales permiten no estar en la Red. Quizá en el futuro quien no lo esté será castigado. El poder vigilará así el pensamiento en un nuevo totalitarismo. ¿A dónde, entonces, se podrá uno exiliar? La privacidad está desapareciendo y el control se está implantando como un atentado contra nuestra libertad, un término cada vez más en desuso aún especificado en nuestras frágiles constituciones. Control a través del móvil, la tarjeta de crédito, el ordenador, las cámaras de vigilancia. No nos olvidemos que el Gran Hermano orweliano era un dictador. Los ciudadanos también se están convirtiendo en figurantes de un guión escrito por otros. La sociedad televisiva ha transformado lo reprobable en irreprochable. La masa sucumbe porque la educación que ha recibido tiene un menor impacto cautivador e hipnótico que esas imágenes. La escuela ha dejado de ser el lugar del aprendizaje y acostumbradas las nuevas generaciones al ordenador la mayoría de esos jóvenes viven ya gran parte de su existencia en un mundo virtual. Un mundo virtual donde aparece modificado el sentido de la violencia, el sexo y los valores morales de convivencia democrática.

Realmente, ¿para qué se utiliza internet? Hasta ahora las páginas más consultadas son las pornográficas, con millones de visitas de diferencia con respecto a materias de otro tipo. Así internet estimula el deseo frente a la inteligencia. También la violencia tiene un lugar primordial. Y todo sin apenas control, y todo permitido, y todo accesible a cualquier tipo de edad. ¿Cómo educar a la juventud deseducándola? Vivimos en medio de una crisis profunda y generalizada a la que no le estamos dando respuestas, y los jóvenes en su soledad se confían a la compañía de las redes sociales. Sus cerebros ya son parte de estos otros electrónicos porque no son capaces de formular un pensamiento por cuenta propia. Internet es la pereza frente al esfuerzo, internet es, en muchos sentidos, una forma de liberticidio.

Por CÉSAR ANTONIO MOLINA (El mundo.es)

El ABC del Espionaje masivo de la CIA

Por Benjamín Saldarria Prieto*

La publicación de estos códigos y herramientas suponen el mayor escándalo desde el caso Chelsea Manning o Edward Snowden y ponen de relieve un grave agujero de seguridad en la CIA, donde la nueva Casa Blanca ordenó una operación de limpieza.

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El portal de filtraciones WikiLeaks, que dirige el ciberactivista Julian Assange, difundió ayer detalles de un programa encubierto de pirateos informáticos de la CIA estadounidense, como parte de una serie en siete entregas que, adelantó, será “la mayor filtración de datos de inteligencia de la historia”.

WikiLeaks tenía previsto realizar una rueda de prensa a través de Internet para presentar su proyecto “Vault 7”, pero posteriormente anunció en la red social Twitter que sus plataformas habían sido atacadas y que intentará comunicarse más tarde. En un comunicado, el australiano, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde el 2012, dijo que la filtración es excepcional desde una perspectiva legal, política y forense. 

“Hay un gran riesgo de proliferación en el desarrollo de armas cibernéticas, que resulta de la incapacidad de las agencias de seguridad para controlarlas una vez las han creado y su alto valor de mercado”, aseguró Assange. La Agencia Central de Inteligencia no realizó comentarios al respecto. “No nos manifestamos sobre la autenticidad o el contenido de presuntos documentos del servicio secreto”, dijo un portavoz.

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De confirmarse su autenticidad, son las tripas de un programa de ciberespionaje con el que los servicios de inteligencia de Estados Unidos son capaces de piratear teléfonos, ordenadores y televisores con Internet y convertirlos en micrófonos para espiar a sus usuarios. La publicación de estos códigos y herramientas suponen el mayor escándalo desde el caso Chelsea Manning o Edward Snowden y ponen de relieve un grave agujero de seguridad en la CIA, donde la nueva Casa Blanca ordenó una operación de limpieza.

Según explica WikiLeaks, esta primera entrega, llamada “Year Zero” (Año Cero) y en la que se exponen los sistemas de “hacking” (pirateo), software malicioso y armas cibernéticas empleadas por la agencia de espionaje estadounidense, comprende 8.761 documentos y archivos, procedentes de una red aislada y de alta seguridad situada en el Centro de Inteligencia Cibernética de la CIA (Agencia Central de Inteligencia norteamericana) en Langley, Virginia. 

El portal señala que obtuvo los documentos de una persona que tuvo acceso a ellos cuando la CIA perdió el control informático sobre los mismos. WikiLeaks explica que recientemente la CIA perdió el control sobre la mayor parte de su arsenal de “hacking”, incluido software malicioso, virus, troyanos, ataques de día cero, sistemas de control remoto de software malicioso y documentos asociados. Esta colección de “varios cientos de millones de códigos” dan a su poseedor “la capacidad de ‘hacking’ íntegra de la CIA”, asegura en su comunicado.

La colección llegó a manos de antiguos hackers del gobierno y otros agentes de manera no autorizada, y uno de ellos proporcionó a WikiLeaks porciones del archivo. WikiLeaks atribuye sus informaciones a fuentes anónimas. La fuente aspira a que con esta difusión se abra una discusión pública sobre la cuestión de si la CIA se excedió en sus atribuciones. Antes de la publicación de los documentos, la plataforma tapó por primera vez datos y nombres de trabajadores de la agencia.

El programa de “hacking” encubierto de la CIA, incluye arsenal malicioso y docenas de posibles ataques, a través de fallos de software, contra varios productos, entre ellos el sistema operativo del iPhone, el Android de Google, Windows de Microsoft y televisores Samsung, que pueden transformarse en micrófonos encubiertos. WikiLeaks señala que la CIA fue aumentando sus capacidades en la lucha cibernética hasta rivalizar, “hasta con menos transparencia” con la NSA, la otra agencia de seguridad estadounidense.

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Las técnicas de las que hablan supuestamente permiten además a la CIA sortear el encriptado de plataformas de mensajería como Whatsapp, Telegram, Signam, Confide y Cloackman al entrar en ellos y obtener contenidos antes de que el encriptado se active. Los documentos abarcan el periodo de 2013 a 2016 y, según Wikileaks, se eliminaron algunos elementos identificativos para llevar a cabo un análisis profundo. 

Entre estos elementos eliminados figurarían objetivos y maquinaria de ataque a lo largo de Estados Unidos, América Latina y Europa.
El portal también revela que, además de su centro en Langley, la CIA utiliza el consulado de Estados Unidos en Frankfurt como una base encubierta para sus hackers en Europa, Medio Oriente y África. WikiLeaks dice que, al difundir toda esta documentación, tomó cuidado de no distribuir “armas cibernéticas cargadas” hasta que “emerja un consenso sobre la naturaleza política y técnica del programa de la CIA y de cómo tales armas deben ser analizadas, desactivadas y publicadas”.

Julian Assange dirigió la difusión de “Vault 7” desde su residencia en la embajada de Ecuador, donde se refugió el 19 de junio de 2012 para evitar su extradición a Suecia, que le reclama para interrogarle sobre un delito sexual que él niega haber cometido. Assange teme que ese país pueda entregarle a su vez a Estados Unidos, que le investiga por las revelaciones de su portal en el 2010, cuando difundió cables diplomáticos confidenciales estadounidenses.

La plataforma de Assange dijo que esta es la mayor filtración de la historia de la CIA, aunque la mayor sufrida por Estados Unidos en la historia reciente fue precisamente la de los documentos diplomáticos y militares del 2010, que convirtió a Wikileaks en un fenómeno global, y supuso una condena de 35 años para la ex analista militar Chelsea Manning (entonces Bradley), que robó y entró la información. 

Lo revelado, en todo caso, está a la altura de grandes escándalos como éste o el provocado por Edward Snowden, el ex analista de seguridad que denunció el espionaje electrónico masivo de Estados y que vive protegido en Rusia. En los últimos días de su presidencia, Barack Obama decidió conmutar la pena de Manning, lo que supuso una gran polémica.


*Ingeniero Informático (Universidad de Palermo). Miembro del Comité para América Latina de la Electronic Frontier Foundation

Fin de la edad de oro de la socialdemocracia europea: huye de la autocrítica pese a su crisis

Pasó de gobernar en una gran parte de países a hacerlo solo en unos poco


Marine Le Pen, líder del FN francés, uno de los movimientos de derecha en auge. Imagen: Reuters

El declive de la socialdemocracia en la Unión Europea es patente. Pasó de gobernar en una gran parte de países a hacerlo solo en unos pocos. El problema es que tras la edad de oro del Estado de Bienestar que contribuyeron a establecer, estos partidos salvo excepciones no han hecho un ejercicio de autocrítica.

Un argumento que suelen utilizar los dirigentes es el de la supuesta falta de comunicación. Mas esto es una práctica común en la totalidad del espectro político cuando los resultados son adversos y que no explica este fracaso. Además de las derrotas electorales, la crisis se manifiesta en marcados descensos del número de afiliados. Un fenómeno que sufren todas las formaciones tradicionales aunque de manera especial los socialdemócratas fuertemente condicionados por las medidas de austeridad adoptadas por los gobiernos de la UE.

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¿Es la sustitución del ideario socialista por el denominado socioliberalismo, al que las bases culpan de políticas impopulares, la única explicación? Por socioliberalismo se entiende la incorporación del neoliberalismo en los partidos progresistas y socialdemócratas iniciado en EEUU durante la administración Clinton en los 90.

La aplicación de medidas económicas contrarias a su programa social supone en muchos casos un coste electoral importante y respaldo popular. Ello ha originado la aparición de nuevos partidos competidores y, sobre todo, ha llevado al auge de los populismos. Sin embargo, los partidos conservadores tienen que lidiar mayormente con los extremismos de derecha. La sangría de votos socialdemócratas en los últimos quince años ha sido más general y se ha dirigido hacia partidos más a la izquierda en países como España, Grecia, Alemania, Suecia, Finlandia, Holanda e Irlanda, o hacia fuerzas populistas y de extrema derecha como en Francia, Austria, Holanda, Dinamarca, Suecia, Eslovaquia, Finlandia y Alemania de forma incipiente.

Pérdida de apoyo obrero


Los análisis electorales revelan cómo el Frente Nacional se ha convertido en el partido más popular entre la clase trabajadora en Francia. El ultra Partido Popular danés obtiene más votos obreros que los socialdemócratas. Y el ultraderechista Partido de la Libertad de Austria también es ahora el principal partido obrero del país. Los líderes justifican el actual descalabro con el éxito que han tenido sus políticas. Este razonamiento asume que, con las mismas, la socialdemocracia trajo a Europa un gran bienestar. Convirtió la clase trabajadora en clase media y esta se ha ido haciendo conservadora.

Pero ¿han desaparecido las clases trabajadoras? En la mayoría de países europeos hay más personas que se definen como clase trabajadora que clase media. Y, curiosamente, en los países nórdicos y escandinavos con el mayor nivel de riqueza del continente esos porcentajes crecen. Por contra, a mayor cultura liberal, puede afirmarse que las clases pierden valor definitorio o se considera la clase media como mayoritaria. 

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En Europa, el socioliberalismo fue adoptado por el Nuevo Laborismo, etapa del laborismo británico bajo el liderazgo de Tony Blair con la ?Tercera Vía? como plataforma de centro diseñada para ofrecer una alternativa al capitalismo y al socialismo. Esta forma moderna del socialismo se desarrolló para presentar al partido como el camino intermedio pudiendo así atraer a los votantes de todo el espectro político. Blair fue influenciado por éticas y formas de socialismo cristiano y las usó para formar un socialismo moderno.

El actual líder, Jeremy Corbyn, estuvo sometido a fuertes presiones para dimitir tras el voto favorable a la salida del Reino Unido de la UE. Buena parte del llamado gabinete en la sombra dimitió por considerar que Corbyn no había dado pleno apoyo a la permanencia durante la campaña. La crisis abierta en la formación llevó a dos diputados laboristas a desafiar su liderazgo. En la nueva elección interna, Corbyn obtuvo casi el 62 por cien de los votos de los afiliados, un margen mayor que hace un año.
Giros liberales

El partido socialdemócrata alemán, SPD, viró igualmente hacia el liberalismo. Algunos incluso sostienen que a posiciones neoliberales. Esta crisis se incició antes de las turbulencias económicas internacionales cuando Gerhard Schröder impulsó el programa de reformas conocido como Agenda 2010 para reducir el coste del modelo social alemán y fomentar la actividad, que acabaron costándole la cancillería en 2005. Actualmente, el partido Die Linke, de izquierda, crece en la actualidad más que el SPD. Las políticas de Schröder fueron continuadas por el gobierno de Angela Merkel sin el desgaste que sí sufrieron los socialdemócratas, mientras las expectativas electorales del SPD siguen siendo escasas para septiembre del año próximo.

En Francia, el presidente socialista François Hollande se enfrenta a una derrota probable de dimensiones históricas en las presidenciales de mayo por la impopularidad ganada con la necesaria reforma laboral.

En Portugal los socialistas gobiernan liderados por António Costa, aunque perdieron las legislativas de octubre. Costa se convirtió en primer ministro gracias a un inédito pacto con la izquierda radical.

Fuente: 
POR MARCOS SUÁREZ SIPMANN El economista

Un callejón sin salida para la política brasileña

A pesar de las razones en contra del Gobierno de Dilma, la votación de la Cámara de Diputados fue una demostración de hipocresía y una vergüenza para la democracia brasileña, opina Francis Franca.


Dilma Rousseff, presidenta de Brasil.
La jornada del 17 de abril de 2016 será recordada en la historia de Brasil. Por primera vez en 24 años, la Cámara de Diputados votó a favor de la destitución de un presidente con 367 votos a favor y 137 en contra. Y aunque así concluyó la sesión más larga de su historia, faltó la dedicación y eficiencia necesarias para aprobar una reforma política o un paquete de medidas anti corrupción.

A Dilma Rousseff se le acusó de maquillar las cuentas y fingir un balance fiscal más saneado para poder ser reelegida en 2014. Unas irregularidades que plantean tres preguntas: si fueron de hecho un delito, ya que también otros gobernantes hicieron lo mismo sin ser castigados. Si son atribuibles personalmente a la presidenta, que no está acusada de corrupción. Y si lo que está en juego es, en realidad, el mandato que comenzó en 2015, después de la recomendación del Tribunal de Cuentas de terminar con este tipo de prácticas.

En la votación de la Cámara de Diputados no se trataron ninguna de estas preguntas. Por el contrario, lo que se vio fueron extrañas justificaciones que rápidamente se viralizaron en las redes sociales. Algunos miembros con causas pendientes en los tribunales dijeron que votaban por “la familia”, por “el cristianismo” o incluso “por los militares”. Pero la gran mayoría votó por insatisfacción con el Gobierno.

Incluso en un congreso tan visceral como cabría esperar en Brasil, los parlamentarios deberían ser conscientes de que no se trata de la calidad del Gobierno, sino de la legalidad. A diferencia del parlamentarismo, en un sistema presidencial no se puede cesar al jefe del Estado, a menos que se hayan demostrado delitos graves. Y ese no es el caso de Dilma.

A su vez, la población apoya este juicio político por estar hastiada por la corrupción y el pésimo curso de la economía, desencadenado por varias decisiones erróneas del Gobierno y por la falta de capacidad política de Rousseff para aprobar medidas de ajuste en el Congreso. Un tema que hay que tratar con cautela, puesto que esas ansias de crecimiento tan necesario para Brasil no deberían prevalecer por encima del Estado de derecho.

A los partidarios de este juicio político habría que recordarles que la línea sucesoria del presidente está formada precisamente por políticos investigados por corrupción. Para hacerse una idea, en el Congreso se habla abiertamente de una “amnistía” para Eduardo Cunha, por el hecho haber presidido la votación sobre el impeachment. Exactamente en la misma semana en la que aparecieron nuevas pruebas de que recibió 50 millones de reales de propina. Tomando conciencia de que, incluso si la presidenta se salvase, sus posibilidades de gobernar serían mínimas, y ante la acción temeraria que representa entregar el país a manos de sus sucesores, son cada vez más las voces que piden elecciones generales anticipadas. Esa puede ser la única forma de sacar a Brasil de este callejón sin salida.

Fuente: DW - Francis Franca, redactora jefe de DW-Brasil.