Se trata de gastos que no responden a la situación y necesidad real de la comunidad, sino a intereses particulares, derroches o falta de planificación. Entre los ejemplos más comunes están viajes oficiales excesivos, compras de vehículos y mobiliarios de lujo, publicidad institucional innecesaria y contratos de obras sin control ni transparencia, la creación de cargos públicos innecesarios solo para favorecer a allegados.
En Paraguay, entidades como Itaipú Binacional han destinado millones de dólares a publicidad y eventos, mientras se reducían fondos para alimentación escolar y obras municipales. Asimismo, se han detectado sobreprecios en compras y proyectos sin utilidad social, como algunas adquisiciones del IPS o obras en municipalidades que costaron el doble de su valor real.
Esta situación responde a varios factores. En primer lugar, la falta de transparencia hace que muchas decisiones se tomen sin que la ciudadanía conozca sus detalles. A esto se suma la debilidad de los organismos de control: aunque la Contraloría detecta irregularidades, suele tener limitaciones para sancionar efectivamente. En el caso de nuestro país, influyen también el clientelismo político —donde los recursos se usan para ganar apoyos en lugar de priorizar el bien común— y la falta de reglas fiscales estrictas que limiten el gasto innecesario.
Aunque el PIB (producto interno bruto) muestra un crecimiento promedio real cercano al 3% al 4% anual en la última década, con un repunte destacado de 6,6% en 2025 y una estimación de expansión de 4,5% para 2026. siendo el Sector Terciario (Servicios): 47,5% el que mas aporta, seguido con el 33,5 del Sector Secundario como la Industria, Construcción, e Itaipú (7-8% del PIB), y los sectores restantes con el 19 % (Agropecuario, 11,4 % e Impuestos con 8 %). Son los principales motores economicos de la nación.
Por tanto, es cuestión de imaginarse, los beneficios y el crecimiento que tendría con una buena administración del estado.
El derroche que presenciamos actualmente y que viene heredando de varios gobiernos anteriores, tiene efectos graves: mientras se gastan recursos en cosas innecesarias, faltan medicamentos en hospitales, escuelas sin equipamiento y caminos en mal estado.
En Paraguay, los gastos rígidos (Salarios Públicos, deudas públicas, transferencias para jubilaciones y pensiones) absorben casi el 90 % de los ingresos, dejando muy poco margen para la inversión social. Esto agrava la desigualdad, genera desconfianza en las instituciones y obliga en muchos casos a endeudar al país, comprometiendo el futuro de las próximas generaciones.
En resumen:
Esta ineficacia del Estado frente a los presupuestos superfluos atenta contra el deber fundamental de servir a los habitantes y al interés general. En el caso de Paraguay, revertir esta situación exige mayor transparencia, fortalecer los controles y establecer reglas claras que prioricen el bienestar colectivo sobre intereses particulares. Y eso depende fundamentalmente del consenso de los políticos, despojandose de sus intereses partidarios, y poniendose la "camiseta" de patriotismo, pensando en el futuro del país que benefiaría a toda la población.
Colaborador de Concepción Noticias









